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¿La frase que pudo costarle la vida? El misterioso asesinato del doctor Enrique Lithgow Ceara que aún estremece la historia dominicana

La muerte del doctor Enrique Lithgow Ceara, ocurrida el 3 de octubre de 1949, continúa siendo uno de los episodios más comentados de la historia dominicana durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.



¿Puede una sola frase convertirse en una sentencia de muerte?** Esa es la pregunta que, más de siete décadas después, continúa rodeando uno de los episodios más enigmáticos de la dictadura de **Rafael Leónidas Trujillo**: la muerte del doctor **Enrique Lithgow Ceara**, cuyo cadáver apareció en las aguas del río Ozama el **3 de octubre de 1949**.

Durante décadas, este caso ha sido objeto de investigaciones, relatos y testimonios que intentan reconstruir lo ocurrido. Sin embargo, una de las versiones más impactantes fue plasmada por el expresidente **Joaquín Balaguer** en su libro **Los Carpinteros**, donde describe un episodio que refleja el clima de temor y represión que caracterizó aquella época.

El diagnóstico que cambió el destino de un médico

Según la narración de Balaguer, Trujillo se sometió a estudios médicos para determinar si padecía cáncer de próstata. Los exámenes radiológicos fueron realizados en el entonces Hospital Militar Marion y el encargado de interpretar los resultados habría sido el doctor Enrique Lithgow Ceara.

El diagnóstico fue tranquilizador: no existían indicios de cáncer. Mientras quienes rodeaban al gobernante celebraban la noticia, Balaguer afirma que el joven médico pronunció una frase que marcaría su destino.

"Qué lástima que el resultado haya sido negativo. Cuántos crímenes le habría ahorrado al país un cáncer."

De acuerdo con esa versión, aquellas palabras no tardaron en llegar a oídos del dictador.

La supuesta reunión de la que nunca regresó

Balaguer relata que Trujillo ordenó la presencia inmediata del médico en su despacho. Lo que ocurrió después ha quedado envuelto en una mezcla de historia, testimonios y versiones que han alimentado el debate durante décadas.

Siempre según el libro, el gobernante lo habría recibido sosteniendo una fusta de cuero y lo golpeó violentamente en el rostro. El médico habría intentado defenderse, pero fue reducido por miembros de la guardia.

Posteriormente —continúa la narración de Balaguer— fue asesinado. Su cuerpo fue colocado dentro de su propio automóvil, el cual habría sido lanzado al río Ozama con las ventanas abiertas, en un intento de ocultar el crimen y acelerar la descomposición del cadáver.

Un crimen que sigue despertando interrogantes

Aunque esta versión es una de las más difundidas sobre la muerte de Enrique Lithgow Ceara, diversos historiadores recuerdan que existen distintas interpretaciones y que algunos detalles del caso continúan siendo objeto de análisis histórico.

Lo que sí parece indiscutible es que la desaparición del joven médico quedó grabada en la memoria colectiva como uno de los episodios más recordados de los años de la dictadura.

Tras la caída del régimen, el antiguo Hospital Militar Marion fue rebautizado con el nombre de **Hospital Doctor Enrique Lithgow Ceara**, en reconocimiento a quien muchos consideran una víctima de la represión política de la época.

Una historia que aún invita a reflexionar

Más de 75 años después, la muerte del doctor Enrique Lithgow Ceara continúa generando preguntas: ¿Fue realmente asesinado por expresar una opinión? ¿Qué parte de esta historia está plenamente documentada y cuál proviene de testimonios posteriores? ¿Cuántos episodios similares permanecen aún ocultos entre las páginas de la historia dominicana?

Sea cual sea la respuesta, este caso permanece como un recordatorio de los riesgos que enfrentaban quienes se atrevían a expresar ideas contrarias al poder durante uno de los períodos más oscuros de la República Dominicana.

EL FARO DOMINICANO

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